Paz-Cristo

Queridos hermanos y hermanas

Tengo el agrado de llegar a ustedes a través de este espacio donde podemos compartir temas espirituales que nos toca el corazón.

Hoy quisiera hablarles de la paz, el gozo y la esperanza, la que fácilmente podemos perder por la demanda de la vida cotidiana.

¿Cómo podemos recuperar nuevamente la tranquilidad que tanto buscamos?

Recordemos las palabras de nuestro Padre Dios quien nos dijo en la transfiguración de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco, escúchenlo” (Mateo 17, 5), ya que en ningún lado podemos conseguir la paz, el gozo y la esperanza, sólo si recibimos a Jesús en el corazón, ellas vendrán por sí mismas.

Existe un dador de paz único que nos dice: “Les dejo la paz, mi paz les doy. Una paz que el mundo no les puede dar. No se inquieten ni tengan miedo” (Juan  14, 27), es llegar a sentirnos plenamente tranquilos sin sobresaltos, aún en los momentos más difíciles que nos toque vivir. El dolor, la tristeza las enfermedades pueden estar presente, pero aun así estar tranquilo, porque con la paz de Él todo se puede superar, no es que anulemos esto, sino vivirlo con sentido real, sin muchas preguntas o cuestionamientos personales y mejor aún sin miedo.

El verdadero gozo es sentirnos plenamente amados desde el momento que Jesús dice: “Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa.” (Juan 15, 9, 11), participar nada menos que de la alegría de Dios y es aquí donde comienza el gozo pleno cuando dejamos de mirarnos y abrimos nuestros ojos y el corazón para servir al que necesita ser escuchado, visitado y acompañado, y esa persona puede ser alguien muy cercano, un amigo(a), hijo(a), esposo(a), o tu pareja, y el verdadero gozo consiste en esto, dar más que recibir, también en aceptar al prójimo tal como es, gozo verdadero es no sentirnos exclusivos y superiores a alguien, gozo es sabernos que todos somos hijos e hijas de Dios Padre.

Podemos vivir plenamente en la esperanza, por la promesa de Jesús: “sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos.” (Mateo 28, 20). Estamos siendo acompañados día a día por Él, por lo que la esperanza se hace realidad frente a toda dificultad que podemos enfrentar y también en los momentos de alegría, en poner nuestros proyectos de vida en sus manos y tener una mirada más aceptable de este mundo, un verdadero discípulo(a) esta siempre alegre y esa alegría se transforma en esperanza para otros porque nunca estamos solos.

Que Jesús en su Sagrado Corazón y la Virgen del Carmen les bendiga ahora y siempre.

Ricardo Dávila Lucero

Diácono Permanente

Administrador General

Santuario Nacional de Maipú